Huskies, amatistas y raquetas de nieve.

Hoy nos despertamos tempranito para ir de nuevo a la oficina de Lapland Safaris a las 9.15. Nuestra experiencia con ellos no está resultando del todo buena. Nos sentimos demasiado “guiris”. Hemos visto (tarde) que hay otra empresa, Snow Games que hace las mismas actividades que ellos (algunas más baratas incluso) y que parecen tener un trato más cercano y personal. En Lapland se les ve más “mayoristas”. También en el hotel se anuncia una empresa local, aunque la verdad es que no hemos pedido información porque ya vamos servidos con lo que tenemos planeado para estos días, pero habría sido una opción a tener en cuenta de haberlo sabido antes.

De todos modos, el hacer al menos tres excursiones con Lapland nos ha supuesto poder quedarnos con los monos, las botas y los calcetines de la equipación invernal que ellos dan para las excursiones, y eso la verdad es que merece totalmente la pena, sobre todo con la de nieve que no para de caer. Con esta equipación vamos súper a gusto y casi ni nos enteramos del frío y la nieve. También es verdad que estamos todo el tiempo entre -2º y +2º, lo cual tampoco es mucho frío, pero bueno, para nosotros ya es bastante, jeje.

Por otro lado, hoy en el desayuno hemos coincidido con una pareja española que viven en Barcelona, pero él, Alfonso, es de Alcoy (Alicante) y ella, Emilia, resulta que es de Carrizal, ¡coincidencias de la vida! Nos hemos quedado largo rato charlando con ellos, y han resultado ser de lo más agradables, nos han caído genial. ¡Tanto que casi hemos llegado tarde!

Ya en la oficina de Lapland nos han montado en una furgoneta y nos han llevado al mismo sitio que ayer, a Kopara, solo que esta vez a la parte de la granja de huskies. La granja de renos es propiedad privada de los criadores de renos (que supongo que serán samis), pero nos hemos enterado hoy de que la parte de los huskies ha sido comprada precisamente por Lapland, que a su vez también ha comprado Snow Games, así que para el año que viene se acabó la poca competencia que podían tener en Luosto.

Cuando hemos llegado, nos han explicado cómo conducir un trineo tirado por huskies y nos hemos ido a hacer un pequeño recorrido por un circuito cerrado allí en la misma granja, de unos 8km de longitud. Nos subimos dos por trineo, uno de pie conduciendo y con el freno, y otro sentado delante, disfrutando del paseo.

La primera parte ha conducido Jose, y ha sido muy divertido. Los perros ha habido un par de momentos que han cogido bastante velocidad, pero llevábamos delante una de las cuidadoras en moto de nieve y los tenía bastante controlados. Eso no impidió que los perros del trineo de atrás intentaran adelantarnos y se pusieran a mi altura, que casi pude acariciarlos y todo. El camino tenía el ancho justo para el trineo y en algunos momentos hasta rozábamos con los bordes de nieve, así que no sé cómo consiguieron ponerse a mi altura.

Era curioso ver a los perros morder la nieve continuamente. Según los cuidadores, es que “sólo hace 1 grado y eso para ellos es calor”, así que intentaban rozarse con la nieve del borde del camino y del propio camino todo el rato. Lo dicho, ¡muy gracioso! El problema es que se cansaban antes, y por ejemplo para subir las cuestas había que ayudarles empujando el trineo. De hecho es que los perros volvían la cara hacia nosotros cada vez que veían una cuesta arriba, según las cuidadoras para que les ayudáramos. El pobre Jose se agotó de tanto empujar. Y es que además hoy ha sido el primer día desde que estamos aquí en el que el cielo ha estado casi sin nubes, azul y con un sol espléndido. Ha seguido haciendo fresquito, pero ni gota de nieve, por primera vez para nosotros.

A mitad de camino paramos y tocó intercambio de conductores. Yo me lo pasé pipa en el trineo, no toqué el freno ni una vez y la verdad es que me costaba ayudarles en las cuestas arriba, pero bueno, hice lo que pude. Fue muy divertido. Lo gracioso es que cuando llegamos y me pidieron que frenara yo hice lo que nos habían enseñado, poner los dos pies en la barra de freno y cargar todo mi peso en ella. ¡Pero los huskies seguían pudiendo avanzar con el trineo! Al final tuvo que venir un chico a poner también su peso porque no había manera de parar totalmente el trineo.

Trineo de huskies María conduciendo el trineo

Bonita estampa Fin de trayecto

Nos dejaron quedarnos un rato con los perritos que nos habían llevado al paseo. Yo encantada, no paré de acariciar y mimar a dos de ellos, súper cariñosos. Aunque todos entre ellos competían continuamente, la verdad es que luego ninguno rechazaba los cariñitos, sino todo lo contrario. Luego estuvimos viendo los demás perros, que estaban los pobrecitos en jaulas. Había algunos cachorros con los que estuvimos jugando a través de las rejas. Pasamos un ratito muy agradable. Según la chica, los perros hacen ejercicios al menos 5 días a la semana, pero la verdad es que la mayoría se veían con unas ganas locas de salir de la jaula y ponerse a correr.

María con los Huskies

De allí fuimos al ya tradicional café y té con pan dulce, donde Lorna (la cuidadora que nos enseñó cómo llevar el trineo) nos estuvo explicando muchísimas cosas muy interesantes sobre la granja y los huskies, su entrenamiento, su alimentación, etc.

Luego volvimos a la oficina de Lapland y nosotros nos fuimos al hotel, donde nos informamos de cómo llegar a la mina de amatistas. Podíamos coger el pendolino en una hora y media, a unos 3km del hotel, así que encargamos un taxi para una hora y cuarto después y estuvimos un ratito descansando. A las 13.15 cogimos el taxi que nos llevó al parking donde cogimos el pendolino, que llegó puntual a las 13.30h, para subir a la zona de la cafetería. Estuvimos un ratito tomando un café y a las 14h volvimos a coger el pendolino que nos subió a la mina.

Pendolino LLegada a la mina

Allí un guía nos invitó a pasar a una salita muy acogedora donde nos ofreció berry juice calentito y nos contó un montón de historias sobre las amatistas en general y sobre esta mina en particular. Fue muy interesante la verdad.

Luego bajamos a la mina y nos dieron un martillito para cavar en busca de nuestra amatista de la suerte. Jose encontró varias, yo sólo dos, pero todas, tanto las suyas como las mías, bastante pequeñitas. Hubo gente que encontró piedras bastante considerables. Y te puedes llevar tu piedrita, sólo hay dos reglas: “Sólo puedes llevarte una amatista” y “Tiene que caber dentro de tu puño cerrado”. En nuestro caso no hubo problema, sobre todo en lo del puño, jiji.

Bajada a la mina de amatistas

Cuando salimos de la mina, bajamos hasta el parking en el pendolino y volvimos andando los 3 km hasta el hotel. Llegamos bastante cansaditos, pero con poco tiempo para descansar porque teníamos que comer algo y a las 19.50h teníamos la excursión nocturna con raquetas de nieve. Decidimos cenar en el Bistro del hotel Tunturi. Este hotel es el de Lapland Hotels y es un edificio enorme, con muchísimas habitaciones, spa, dos restaurantes, dos bares y un night club. Toda la calma, paz, familiaridad y tranquilidad que se respira en el Hotel Aurora se convierte en multitud, bullicio, alteración y estrés en el Tunturi. No me he podido alegrar más de no habernos hospedado en ese hotel.

En el Bistro nos atendieron estupendamente. Cenamos unas hamburguesas muy ricas y como entrante “delicias laponas”, sabores curiosos. De allí volvimos a nuestro hotel a cambiarnos y otra vez al Tunturi, porque la caminata salía de allí.

La excursión en raquetas de nieve la hicimos con otras dos parejas. La primera parte fue bastante dura, por el cansancio acumulado y porque no había manera de manejar las raquetas, tenía que estar levantando muchísimo las piernas y parecía más bien que las raquetas me entorpecían en vez de ayudarme a avanzar. Encima me estaba asfixiando de calor con tanta ropa térmica para la noche, ya que el esfuerzo físico estaba siendo grande. Luego ya le fui cogiendo el tranquillo y la última parte hasta la colina la hice mejor. Además, el paisaje que se veía desde allí arriba mereció la pena totalmente. Como ya he dicho, el día había estado sin nubes, y la noche también estaba más o menos clara, por lo que pudimos disfrutar de nuestro berry juice calentito admirando unas vistas preciosas de Luosto.

Iniciando el trayecto con las raquetas Selfie en la cima María llegando a destino

La vuelta fue mucho más sencilla aunque la nieve te hacía resbalar bastante y todos terminamos cayéndonos alguna vez. Lo mejor del paseo fueron los momentos en que parábamos y escuchábamos… el silencio, sólo el silencio y como mucho el crujir de la nieve bajo nuestros pies. Me encantó esa sensación casi mágica de paz y tranquilidad que aparece al estar en mitad de un bosque nevado en plena noche con la única iluminación de la luna llena (y algunas linternas de vez en cuando). Otra gran experiencia que nos llevamos de aquí.

Y ahora a descansar un rato pero a medianoche volveremos a salir para buscar auroras porque hoy es la única noche clara que vamos a tener aquí y hay que aprovecharla. Según el pronóstico, puede que a partir de medianoche se vea alguna aurora, y no vamos a dejar pasar la oportunidad, que hasta ahora con tantas nubes ha sido imposible ver nada.

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