Arya

El jueves pasado cuando me subí a mi coche por la mañana, para ir a trabajar, oí un maullido de un gatito. En un principio pensé que habría un gatito en el garaje, pero cuando subí la cuesta de salida y ya fuera del garaje seguía oyendo el maullido (ya desesperado) de un gatito, me di cuenta de que estaba en mi coche. Paré y me puse a escuchar por el coche. No había duda, estaba en el motor. Así que abrí el capó y allí estaba, un gatito gris muy chiquitito,  escondido entre las piezas del motor. Intenté meter la mano para sacarlo pero no pude, así que le pedí ayuda a dos chicos que salían del SUB24. Uno de ellos sacó al gatito en un plis plas. Y allí estaba yo, a las 8.15 de la mañana con un gatito precioso, abandonado, que no paraba de maullar desesperado… No sabía qué hacer, y tenía que irme al cole, así que lo metí en una caja de cartón que tenía en el coche y me lo llevé al cole. Fue la gran atracción del día. Allí el vigilante me lo guardó en un cuartito con agua y comida, y yo a la salida me lo llevé a casa, con el consentimiento de Jose.

No teníamos claro qué hacer con él, pero aún así por la tarde lo llevamos al veterinario. Resulta que es una gatita, de unos dos meses de vida, y en general bastante sanita para ser callejera. La desparasitaron por dentro y por fuera, y le cortaron las uñas. Como era muy tarde ya nos la llevamos a casa de los padres de Jose, que teníamos merienda por el cumple de Loli (el día 10) y el de Daniel (el día 15). Allí también la gatita fue protagonista indiscutible. Disfrutamos mucho de la tarde en familia, como siempre.

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Ya de vuelta, aún no sabíamos qué hacer con ella, ya que la gatita eligió mi coche y parecía que estaba predestinada a quedarse con nosotros, pero claro, en una casa tan pequeña, y la responsabilidad de tener un animalito… teníamos nuestras dudas. En el cole había dos personas que se habían ofrecido a quedársela y todo. Pero cuando volvimos a casa y lo estuvimos hablando, decidimos que le daríamos unos diitas de prueba, a ver si nos adaptábamos.

El problema era que nos íbamos a Cádiz el fin de semana, pero quedó resuelto gracias a nuestro vecino, que se ofreció a cuidarla esos días. Así que el viernes Jose le compró todo lo necesario para instalarla en casa y aquí estamos, conviviendo con nuestra gatita, a la que hemos bautizado como Arya. Es traviesilla, pero muy graciosa. A ver qué tal se nos da…

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